Casa Central de Banco: ¿En Buenos Aires
o en La Plata?
El traslado del centro de decisiones del Banco
de la Provincia, desde su casa en la ciudad de Buenos Aires hasta
la nueva capital de La Plata, causó una grave crisis institucional
y política. El tema distaba de ser un secreto de estado,
y el artículo 3º de la ley de federalización
de Buenos Aires, reconocía a la provincia la facultad de
dirigir sin alteración de sus derechos, las tres entidades
que constituían entonces su sistema bancario.
A primera vista, tanto la orientación general
con que se planificó la nueva capital bonaerense, como la
programación interna de las dependencias del nuevo edificio
que el Banco hizo construir en La Plata, hacían prever ese
traslado. Por lo tanto, el 8 de agosto de 1885, el gobernador Carlos
D'Amico promulgó una ley, cuya parte dispositiva establecía
textualmente:
Art.1º) Autorizase a los Directores de
los Bancos Provincial e Hipotecario y del Monte de Piedad, para
tomar de acuerdo con el Poder Ejecutivo todas las resoluciones
necesarias a la Administración y Dirección de los
mencionados Establecimientos para la próxima instalación
de aquélla en La Plata.
Art 2º) El poder Ejecutivo dará cuenta a la legislatura,
en un mensaje especial, de todas las disposiciones que se hubieran
adoptado.
El Salón de operaciones de la Antigua Central del Banco en
Buenos Aires, hacia 1880 el pupitre hexagonal central, de madera
tallada, se conserva actualmente en el Museo Histórico del
Banco.
De los tres Bancos citados, sólo el Hipotecario
se ajustó en forma literal al traslado de su dirección y
administración a La Plata e, incluso, vendió su edificio
de Buenos Aires que había sido construido diez años antes
y actualmente es sede del Banco Central de la República Argentina.
El Monte de la Piedad de la Provincia fue transferido a la Municipalidad
de la Capital Federal y, en nuestros días, continúa su giro
ininterrumpido, bajo la denominación de Banco de la Ciudad de Buenos
Aires.
El Banco de la Provincia estaba ligado íntimamente
a la estructura económica manejada desde la ciudad de Buenos Aires.
Su gravitación financiera era muy fuerte. Su traslado despertaba
inquietudes en muchos sectores, y habían resurgido las propuestas
para nacionalizarlo pues, aunque las autoridades federales tenían
el Banco Nacional, su importancia no alcanzaba entonces a la del ente
crediticio bonaerense.
El Directorio encabezado por Belisario Hueyo, advertía
el riesgo de que un radical alejamiento perjudicaría los intereses
del Banco de la Provincia y, como consecuencia, los de la provincia misma.
La solución debía conciliar la digna instalación
de su sede metropolitana en La Plata, con la permanencia de su centro
de decisiones en la ciudad de Buenos Aires.
El Poder Ejecutivo provincial y el Directorio del Banco,
encontraron una fórmula de acuerdo, expresada en el decreto del
23 de diciembre de 1885, que organizaba el gobierno del Banco según
esta estructura:
El Directorio, en Buenos Aires;
El Directorio en La Plata, del cual dependían
las sucursales del Banco;
El Presidente del Banco de la Provincia de Buenos
Aires, superior de toda la administración, con las siguientes
atribuciones:
presidir las sesiones del Directorio de Buenos
Aires;
constituirse como Presidente en el Directorio
de La Plata, inspeccionar esta Casa y sus dependencias;
designar y trasladar el personal (con excepción de los administradores
de sucursales que debía decidir con el Directorio de La Plata);
El Presidente local en La Plata;
La Comisión Financiera, integrada por tres
miembros del Directorio de Buenos Aires, según decisión
del Presidente del Banco, encargada de la dirección financiera
del establecimiento; debía celebrar sesiones mensuales con los
titulares del Banco y del Directorio de La Plata, para fijar las sumas
que pueden descontarse en la capital de la República, en la capital
de la Provincia y en sucursales;
La Oficina de Asuntos Legales, al servicio de todas
las dependencias del establecimiento.
En los balances de cierre del ejercicio de 1885, las
operaciones correspondientes a La Plata dejaron de contabilizarse como
sucursal y pasaron a estarlo en jerarquía similar a la casa de
Buenos Aires.
El gobernador D'Amico proveyó los cargos de directores
y designó como presidente del Directorio local en La Plata al coronel
Julio Campos (1834-1890), distinguido militar, legislador y político,
quien asumió sus funciones el día 5 de enero de 1886. Pero
la existencia de dos presidencias dentro de una misma institución,
aunque una fuese subalterna de la otra, generó entorpecimientos
operativos que fueron advertidos muy rápidamente.
Firma de Julio Campos, primer Presidente del Directorio
de Casa La Plata.
Belisario Hueyo, quien continuó en el cargo de
Presidente del Banco durante todo el año 1886, elevó a consideración
del Poder Ejecutivo un proyecto de carta orgánica que, entre otros
importantes aspectos, contemplaba la siguiente organización de
la estructura:
Un presidente del Banco y un directorio del Banco integrado por 18
miembros. El asiento provisorio de este cuerpo superior sería
en la Casa de Buenos Aires, pero su sede definitiva sería establecida
en La Plata cuando así se conviniese con el Poder Ejecutivo.
Un vicepresidente 1º del Banco y un directorio formado por 12
integrantes que provisionalmente tendría el manejo local de la
Casa de La Plata, aunque en definitiva sería este cuerpo el encargado
del gobierno local de la Casa de Buenos Aires.
Ambos directores celebrarían sesiones conjuntas cuando los
convocase el Presidente del Banco, para tratar asuntos como: creación
o supresión de sucursales o agencias, relaciones con los gobiernos,
suba o baja de las tasas de interés y toda otra cuestión
que se estimará de mayor importancia;
La inspección General, máxima jerarquía dentro
del personal del Banco, cuya sede provisoria sería la Casa de
Buenos Aires y, en definitiva, La Plata.
El 1º de enero de 1887, Hueyo fue sucedido
en la presidencia del Banco por Antonino Cambaceres a quien correspondió
elevar la memoria de lo actuado por su antecesor durante el ejercicio
de 1886. En ese documento expuso Cambaceres al gobierno provincial,
no sin vehemencia, el juicio que sugería el sistema de duplicación
de presidencias y directorios en una misma institución, sumado
al sordo debate acerca de cuál debía ser la ubicación
de su sede principal. El pensamiento de Cambaceres fue en este,
como en otros temas básicos relativos al Banco, de muy densa
profundidad; podríamos intentar su síntesis sobre
la "cuestión Casa Central", en los siguientes términos:
El gobierno de la provincia tiene muy legítimo derecho
a que el Banco esté administrado siguiendo sus inspiraciones
y política financiera;
Es para cumplir tal objetivo que el gobierno decide la designación
del directorio;
Pero el cumplimiento de tal propósito, no es afectado
por la cuestión de que la casa principal esté fuera
de la jurisdicción de la provincia;
Lo que se aspira con toda justicia, a que el Banco sirva más
a la Provincia que a la Ciudad de Buenos Aires, se consigue eligiendo
directores que respondan a ello;
La provincia debe tener su Banco donde saque de él
mayor provecho y ventajas para sus habitantes, siendo evidente
que el Directorio debe estar aquí (ciudad de Buenos Aires)
en el punto donde hay más elementos de fuerza y crédito
que recoger.
Tapa del libro de homenaje a Antonio Cambaceres, por el Comercio
de Buenos Aires, en 1887.
(Archivo y Museo Históricos del Banco de la Provincia de
Buenos Aires)
En defensa de este último punto de su hipótesis,
comparaba las ciudades de Washington (centro político) y Nueva
York (centro financiero) suponiendo que correspondiese La Plata a la primera
tipología y Buenos Aires a la segunda. En consecuencia expresaba
que, en los Estados Unidos de América, a nadie se le ocurría
llevar ficticiamente la corriente económica del país a la
primera porque fuese la capital, sino que se la seguía hacia la
segunda, donde sin violencias ni pérdidas, se robustecen los negocios
de todos los habitantes.
Y agregaba también:
Entre nosotros no se olvidará jamás
que las medidas con que el gobierno de la Confederación quiso
sacar el comercio de la Nación de esta ciudad para llevarlo artificialmente
al Rosario, no fue más desastroso para Buenos Aires que lo que
fue para los mismos habitantes del interior. Así, pues, si las
corrientes comerciales y económicas no se decretan, menos se
puede decretar la vida de un Banco que es la simple consecuencia de
la actividad de esas corrientes y que se mueve con los elementos y fuerzas
que ellas le dan.
Con respecto al régimen de dos directorios, más
una comisión financiera con facultades que chocan en su alcance
con las de cualquiera de dichos directorios, restaba unidad de conducción
especialmente frente a las sucursales que debían marchar
sin rumbos fijos, vacilando siempre sobre la medidas con que contentan
a una para descontentar a la otra, además del mayor costo operativo
que resultaba de mantener doble personal de cierta categoría
e importancia y un tercio más de empleados inferiores. Tal sistema,
a juicio de Cambaceres, debía reemplazarse por una estructura basada
en la autoridad única.
Antonino Cambaceres elevó ese mensaje al Poder
Ejecutivo, con fecha 14 de mayo de 1887. Pero el día 1º de
ese mismo mes, el doctor Carlos D'Amico había concluido su mandato
y su sucesor, Máximo Paz, gobernaba la provincia. El 16 de junio
siguiente, Cambaceres fue sucedido al frente del Banco por el doctor Daniel
J. Donovan, quien ejerció estas funciones hasta el 4 de enero de
1889.
Correspondió a este nuevo presidente, orientar
la política crediticia del Banco, en el sentido de dar prioridad
al fomento de las actividades productivas agropecuarias. Con ese fin,
se redujeron los márgenes del descuento en la casa de Buenos Aires,
y se los incrementó en las sucursales.
La organización operativa y la ubicación
de la casa central del Banco, fueron objeto de reordenamiento por decreto
de fecha 6 de marzo de 1888; según el cual la casa de Buenos Aires
pasó a ser administrada por un Director Gerente, secundado por
un Consejo Consultivo local. La presidencia del Banco y el Directorio
único quedaron radicados en La Plata que, en la nueva estructura,
adquirió el rango de Casa Central.
La crisis de 1890 provocó la moratoria del Banco,
a partir de la ley del 7 de agosto de 1891. Esta situación de operaciones
restringidas (como se explica más adelante) se prolongó
hasta el 5 de diciembre de 1905, cuando se firmó un convenio de
fusión con el Banco del Comercio Hispano Argentino para restituir
al viejo Banco de la Provincia de Buenos Aires un capital saneado. La
cláusula 3ª de ese convenio dispuso que
El Banco tendrá su domicilio legal en la
capital de la provincia
por otra parte, la cláusula 10ª estipula:
La casa matriz permanecerá en la ciudad de
La Plata
Además de esa Casa Matriz establecida en La Plata,
el convenio hace mención de una Casa Central, cuya ubicación
no se menciona. La practicidad operativa y la estructura histórica
y jurídica de la institución, reconocida por la ley de federalización
de Buenos Aires, se conciliaron entonces, para la organización
vigente desde 1906, basada en diferenciar el "gobierno" del
Banco y su "administración".
El gobierno, ejercido por el Directorio, constituyó
su domicilio legal en La Plata, donde está la gran estructura arquitectónica,
erigida al fundarse la ciudad, que posibilita sus deliberaciones, y configura
el ámbito de la "Casa Matriz". Su sede operativa la estableció
en la Casa de Buenos Aires, denominada "Casa Central", que es
también la cabecera administrativa del Banco en su conjunto; además
de su origen histórico, y el más antiguo signo institucional,
de la presencia bonaerense en la capital de los argentinos.