El desenvolvimiento próspero del Banco de
la Provincia de Buenos Aires sufrió una brusca declinación
durante casi quince años, como consecuencia de la crisis
financiera de 1890. Sus causas fueron múltiples y, aunque
percibidas en parte, quizás no fueron adecuadamente comprendidas
en cuanto a las consecuencias inmediatas que habrían de desencadenar.
Las autoridades del Banco, creyeron al principio que estaban ante
una conmoción pasajera, y así podemos leer en la Memoria
de 1889, cuáles eran las orientaciones crediticias del momento:
El Banco de la Provincia se apresura
a repartir, equitativamente y racionalmente, la totalidad de sus
recursos; presentando a todos dentro de sus medios, el concurso
que requieren para evitar los mayores perjuicios que la desconfianza
general trae aparejados
Tal liberalidad ante la crisis provocó al
Banco un deterioro financiero cuantificable mediante una comparación
de los balances al 31 de diciembre de 1890 y al mismo día
de 1891:
Caída de los depósitos en moneda nacional un 54%
de la cifras iniciales;
Caída de los créditos en cartera hasta el 51%;
Aumento de los prestamos en mora y en ejecución, hasta
llegar a fines de 1891, al 195% de las cifras correspondientes
al principio del año, demostrando el alto índice
de insolvencia que afectó la capacidad de pago de la clientela
durante ese ejercicio operativo.
Dr. Miguel Juárez Célman, presidente de la República
Argentina. Bajo su mandato se agravó la crisis que culminó
en su caída.
Para impedir en lo posible, los efectos de una
fuga de depósitos que afectaba principalmente a los Bancos
Nacional y de la Provincia de Buenos Aires, el Congreso Nacional
sancionó el 7 de agosto de 1891 la "ley de moratorias"
que la Legislatura Provincial ratificó el siguiente 17 de
octubre. En ella se acordó al Banco de la Provincia de Buenos
Aires una prórroga de cinco años para reintegrar los
depósitos. Lamentablemente, el mayor efecto de esa ley fue
trabar el desenvolvimiento operativo y dificultar las cobranzas,
con lo cual sufrió el Banco una parálisis de tal magnitud,
que resultaron suprimidos cien puestos de trabajo entre los años
1891 y 1893.
Como el Banco ya no podía emitir billetes,
se libraron certificados de depósitos al portador, para atender
reintegros parciales a los depositantes. En agosto de 1892, hubo
tentativas para reabrir los créditos en las localidades bonaerenses
con mayor desarrollo agropecuario; pero la revitalización
no se logró, y comenzó el cierre de sucursales. Las
de Rauch y Rojas fueron clausuradas en abril de 1893, y otras dos
durante el mismo año. En 1894 se cerraron doce, y en abril
de 1895 se suprimieron las restantes, a excepción de las
cabeceras departamentales de San Nicolás, Mercedes y Dolores.
De las 42 sucursales existentes al principio de
1893, sólo subsistían a fines de 1895, las mismas
tres con las cuales el Banco emprendió su expansión
en la provincia, treinta y dos años antes. Éstas y
las casas de Buenos Aires y La Plata, son las únicas que
mantenido la continuidad operativa desde su inauguración
hasta la actualidad.
La actividad desarrollada en las dos casas y tres
filiales mencionadas, durante los quince años de la moratoria,
consistió en atender las cuentas oficiales, depósitos
judiciales y de menores; hacer transferencias y giros; renovar operaciones
crediticias anteriores, y emitir certificados de depósito
y "cheques con conforme", entre otras. Quedaron trabados
los movimientos comerciales habituales en cuentas de depósitos,
corrientes y de ahorros; en las diversas modalidades del crédito;
y en la emisión de billetes que el Banco no volvió
a efectuar después de 1891. Pero estas anomalías no
significaron la inactividad total o un "cierre" del Banco,
desde el inicio de la moratoria hasta 1906, cuando se reanudó
la operativa normal.
Certificados de depósitos del Banco de la Provincia de Buenos
Aires. Ley del 7 de Agosto de 1891. (Colección Archivo y
Museo Históricos del Banco Provincia de Buenos Aires)
Del catastrófico efecto de la "crisis
del 90" no logró escapar la otra gran entidad financiera
del sistema bancario oficial de entonces: el Banco Nacional; creado
en 1873 por el gobierno federal, que llegó a tener seis sucursales
en el ámbito de la provincia de Buenos Aires: en San Nicolás,
Bahía Blanca, Azul, Chivilcoy, Dolores y Carmen de Areco.
En abril de 1891 las operaciones comerciales del Banco Nacional
se paralizaron definitivamente; en su reemplazo se creó el
Banco de la Nación Argentina, instalado formalmente el 26
de octubre de 1891. La expansión de este nuevo Banco fue
muy rápida. A fines de 1892 tenía 61 casas y filiales
habilitadas en el conjunto de la República, de las cuales
correspondían 16 a localidades bonaerenses.
En principio, el Banco de la Nación Argentina
trató de absorber los edificios, el equipamiento, y hasta
el personal y la clientela de las sucursales del liquidado Banco
Nacional. Después, en tanto se acentuaba la retracción
del Banco Provincia, muchos empleados cesantes lograron puestos
de trabajo en las filiales que el Banco de la Nación inauguraba.
En 1895 éste alquiló las casas que habían pertenecido
a sucursales del Provincia en Azul, Bahía Blanca, Patagones
y Chascomús; al año siguiente ocurrió lo mismo
con 25 de Mayo y Lobos, en 1897 Chivilcoy y Las Flores, en 1898
Olavarría, y en 1899 San Pedro. Varias de ellas fueron compradas
por el Banco de la Nación al Provincia, en julio de 1902.
Ley de Moratorias para el Banco de la Provincia de Buenos Aires,
del 7 de agosto de 1891. (Colección Archivo y Museo Históricos
del Banco Provincia de Buenos Aires)